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Crónicas por lo vagini

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La ruta sexshopea- Albacete

07/02/2011 | Comentarios: 2

El sexshop Factory, bien podría ser  un templo erótico situado en el Berlín  del telón  de acero, si es que esto hubiese sido posible, y  trasplantado cerca de la plaza de toros de Albacete. Es un templo frío, desabrido y triste. Si uno está deprimido por la crisis, Zapatero, los tres papus de E.T. A  detrás de la mesa petitoria, la ley antitabaco de la ama- dominante Pajin,  la encuadernada  Cospedal  o por lo que sea, deambular por el Factory quizá no sea lo más apropiado. El templo ocupa una planta baja de forma rectangular. Las cabinas de pladur están situadas unas en  la entrada y otras en el fondo de la sala. No hay muchas, una docena a lo sumo. La programación es escasa, unos 7 ó 8 programas.  En las paredes del templo hay hornacinas en forma de vitrinas donde se exponen los productos: consoladores, vibradores, lubricantes y todo tipo de ingenios con el consabido  cartel que advierte que por higiene,  una vez usados los productos no podrán ser devueltos. Vamos a ver, creo que a nadie en su sano juicio se le ocurriría devolver un aparato de esos después de usarlo. Igual que  a nadie se le ocurriría  ir a la farmacia a devolver un clínex después de usarlo  porque no le ha dado el resultado apetecido. Eso ya   entra en el sentido más común y civilizado del ser humano. Pero a pesar de todo siguen poniendo el cartel. Es algo que  he observado en varios de los sexshops que he visitado. Aunque no son los únicos en poner este tipo de advertencias que entran en la lógica más pura. En los aeropuertos, por ejemplo, tampoco se cansan de poner por megafonía   alertas advirtiendo,   a los pasajeros, vigilar  sus pertenencias en todo momento. Qué mal efecto produce, uno tiene la sensación que de repente la terminal se ha convertido en un patio de Alcalá Meco lleno de delincuentes. ¡Sí hombre! con lo  escaldados que estamos dejaremos tranquilamente nuestras pertinencias en una  butaca para así ir  más cómodos al duty free a comprar whisky. O bien repetir constantemente que está prohibido fumar en todo el recinto, con la que está cayendo. Cómo si los pasajeros fuéramos todos unos amnésicos deambulando por el recinto. Bueno, volviendo al tema. En el momento de la visita al sexshop una pareja de mediana edad con pinta de eslavos, que con el ambiente de telón de acero debían encontrarse como en casa, estaban comprando al sexshopero un flamante  vibrador de esos que parecen sacados de una película de ciencia ficción. Mientras el caballero pagaba con la tarjeta de crédito el aparato, la chica, tocada con un gorrito al estilo garçon, observaba de reojo con sonrisa de conejita el artilugio. Mira por donde la chica había logrado romper con el tono del sexshop y de muchos habitantes de este país. Se la veía optimista y risueña. Con alegría, con un futuro esperanzador y lleno de sensaciones.                

Comentarios

Total: 2
2 | Pau - 09/02/2011 - 17:55 h.

Hi ha força comerços del ram del tèxtil que llueixen sense vergonya cartells que proclamen que, per motius d'higiene, la roba interior no es canvia. Jo, que precissament per motius d'higiene me la canvio sovint, sempre em pregunto què falla: si la redacció o el concepte d'higiene, i pel que pugui ser emprenc una ràpida i higiènica fugida... En el cas del Factory, m'assalta un dubte no menys preocupant: si un client intenta tornar una rèplica del cavall bernat a piles, bo i jurant que no l'ha fet servir, què fan? Apareix un goril·la com el que es van trobar Pilar Black i Dolors Decker a l'estació i l'ensuma com qui està a punt de catar un Priorat del 2001? O directament et diuen que te'l fiquis allà on et càpiga quan precisament és això el que no t'ha acabat de fer el pes?

1 | Juan - 08/02/2011 - 18:34 h.

La imagen del aeropuerto con miles de pasajeros amnésicos deambulando de aquí para allá es cojonuda, me los imagino a todos fumando como carreteros sin saber adonde ir ni que destino tomar, para finalmente bajo las consignas de Aena embarcar rumbo al triángulo de las Bermudas.

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