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Crónicas por lo vagini

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La Ruta sexshopea-Cartas de Rupecho IV

24/06/2011 | Comentarios: 2

Querido padre aquí en Rupecho me he hecho amigo de una gata errante. Tiene un miau ronco de Louis Armstrong y un ojo, el derecho, cerrado por una clara conjuntivitis. Por las mañanas me despierta y con su miau escacharrado parece que ronronee “what a wonderful world” . Cuando sube a mi cama se coloca justo encima de la mitad de mi cuerpo. En este momento tengo la sensación que mi pene está levemente prensado por un pisapapeles  peludo de color canela y con rabo. De momento no se le ha ocurrido sacar las uñas, afortunadamente solo noto las suaves almohadas de sus pies cuando va cambiando de posición. Ejecuta los movimientos con una plasticidad y elegancia de alazán de rejoneo, hasta que se deja posar suavemente sobre mi cuerpo una vez ha encontrado la posición más cómoda. Al cabo de unos momentos vuelve otra vez con lo mismo. Se levanta, se estira, mira el espacio donde estaba echada como si fuera la primera vez que lo descubriera, lanza un miau escacharrado y después de unos arabescos, quiebra las rodillas lentamente, se posa de nuevo sobre mí, cierra el  ojo sano y su cuerpo empieza a emitir un leve zumbido que va y viene. Un zumbido largo y seguido,  como si se escuchara el sonido de la corriente eléctrica en reposo momentos antes de iniciar el viaje a la velocidad de la luz. Mientras aparecía la gata errante debajo de mi ventana, padre, a una vecina amiga mía le apareció  la zorra en su corral. En el silencio de la noche roto por el coro de los grillos, le mató veinticinco gallinas.  A cada una destrozó el cuello. Les agujereó la tráquea como si fuera mantequilla, lúdicamente. Una almadraba sin mar. El inútil vuelo gallináceo sólo sirvió para entretener y divertir a la raposa mientras meneaba su cola de anzuelo rematada con un capirote blanco. Mi vecina, padre, dormía a escasos metros el sueño de los justos y no se enteró. Al día siguiente contempló con rabia la extensa matanza avícola. La zorra  no tuvo tiempo de enterrar  las gallinas para su despensa invernal. Allí se quedaron las aves, como muñecas rotas embadurnadas de sangre, como un reniego  veinticinco veces repetido. De aquellas gallinas acuchilladas por la zorra mi vecina no podrá sacar ningún rendimiento. Ni huevos, ni carne. Todo perdido. De este pequeño negocio, padre, sacaba unos posibles para redondear el sueldo. El otro día me la encontré. Lloré de rabia, me dijo. Pero ahora iré a comprar veinticinco gallinas más. Y ya está. Concluyó tajante. Te dejo padre, la gata, quiere entrar y está ronroneando, hace rato, ..what a wonderful world.     http://www.youtube.com/v/SzJY96m3lkg&fs=1&source=uds&autoplay=1
                    

Comentarios

Total: 2
2 | Xevi - 24/06/2011 - 20:15 h.

Me ha encantado su carta y la gata que le ha adoptado a usted. Tambien me ha gustado sobremanera el carácter de su vecina ante la adversidad, hay que seguir adelante siempre, con la rábia y lamentos justos
y vuelta a empezar, le digo esto porque tengo un amigo al que se le ha muerto, como si nada, un amigo y solo se me ocurre decirle que lo recuerde mucho y asi no morira nunca del todo y aunque no sea creyente que le rece un padrenuestro por si arriba en "palacio" lo escucha alguien. A mi amigo que nunca leerá esto, le digo: ¡Visca la mare que et va parir!

1 | Joan - 24/06/2011 - 12:57 h.

Me ha gustado su encuentro con la gata. Se ha puesto vd lírico y cruel. Como la vida,vaya.

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