Els Joglars
  
esp | cat | eng

Crónicas por lo vagini

RSS
RSS

La ruta sexshopea-De tapas-

19/01/2012 | Comentarios: 1

Una larga barra de bar repleta hasta los topes de tapas y pinchos siempre es un buen tema. Ahora que se han puesto de moda los concursos de pinchos el cliente tiene una gran oferta para escoger a cual más sofisticado y cool.  Así que encontrándome en Pamplona por motivos profesionales decidimos ir de tapas y pinchos en vez de sentarnos en un restaurante convencional. Uno accede al bar de pinchos con una ilusión y devoción parecida a la del peregrino del camino de Santiago que accede a la catedral por  el Pórtico de la gloria. Llegar al local y tener un hormigueo en el estómago ante el deslumbrante colorido de las tapas y de los pinchos es automático. Los jamones de cerdo ibérico colgados como exvotos en el techo, con sus mini paraguitas clavados al revés recogiendo la grasa a fin de no  hidratar la reseca calva de los clientes, los vinos de la ribera, los rioja, los blancos de rueda, los verdejos, los tintos, la pizarra donde están especificados todos los pinchos, los grifos de cerveza, todo eso y mucho más abarca la vista del recién llegado. Entonces el hormigueo cesa y el estómago es ya un polígono industrial sin industria. Empieza la hora de la verdad, pero ante la aglomeración para llegar a alcanzar el dorado de la barra uno tiene que atravesar tres contrafuertes de hormigón humano. En el supuesto que después de zarandearte y restregarte contra las tetas de una señora, casi comerte el bigote de su marido y vigilar de no quedar emparedado entre uno de unión del pueblo navarro y otro de nafarroa bai, se llegue a alcanzar el último objetivo de la barra y tocarla con tus propias manos ¿Qué haces? Allí encajonado sólo tienes visibilidad para ver las tapas que uno tiene en frente, las situadas a ambos lados, quedan tapadas por la muchedumbre precipitada sobre la barra; por lo tanto en el momento que el cacho camarera le da por pedirte  lo que deseas,  sólo hay la opción de pedir las tapas o pinchos que tienes en frente y que sea lo que Dios quiera, porque al menos pillas algo y no te vas de vacío. El trasvase de cañas, copas de vino, pinchos y tapas entre la barra del bar y la retaguardia donde se suele situar la cuadrilla es una operación complicada y pringosa, siempre se acaba con algún pincho atornillado en el pecho y con uno o varios lamparones de verdejo en las camisas o blusas de los degustadores a causa de los codazos, roces y desplazamientos inesperados y a traición de la marea humana que se apretuja alrededor de la barra. Ya  lo mejor es tener a mano un babero de algún sobrinito de la familia y sacarlo para la ocasión. En el caso extraordinario de que se encuentre una mesa con sus taburetes correspondientes, pasa lo mismo  que los que  van a la disco en coche. Uno de ellos  se tiene que sacrificar y convertirse en abstemio. Pues en el caso de encontrar mesa uno de la cuadrilla se tiene que convertir en camarero e ir cantando a los otros camareros profesionales de detrás de la barra todo lo que han pedido sus compañeros y luego ir pasando los pinchos, tapas y copas desde la barra hasta la mesa. Sin este héroe que abastece el material a los que están sentados que no se pueden  mover porque están encajonados entre la jauría humana, es imposible degustar nada en una mesa. Si se quedan sentados a esperar que alguien de la propia casa expendedora de pinchos les pida lo que desean, lo tienen claro. Allí se quedarán olvidados como el último eslabón, rodeados de la demás gente que pasará con total indiferencia con sus pinchos por delante de su mesa  haciendo como si no los vieran, como se hace con los pobres de pedir de la calle. Quizá alguna alma caritativa apiadándose de la triste imagen que dan, les pueda echar medio pincho y un culín de vino para que se lo repartan buenamente. Con el paro que hay y aún es necesario sacar el camarero que uno lleva dentro! Yo no lo he sacado ni pienso sacarlo nunca, y más aún  después de la clavada que te pegan por el tapeo en estos locales. Encima no te descuentan el haberles echado una mano en la hora punta del bar. Cabe la posibilidad de dejar pasar dicha hora y esperar un tiempo para que puedas acceder con más confort a la barra, pero en este tiempo de invierno en las  calles de Pamplona pega un rasca cruda y malcarada que te deja tieso, y tal como está la sanidad y el país tampoco es cuestión de pillar una pulmonía. Salir lleno, no sales; y la cuadrilla  propone visitar otro establecimiento que está igual de abarrotado que el primero. Uno se arma de valor y vuelve a repetir la experiencia. Siempre hay algunas variaciones, en el segundo bar la camarera, por ejemplo, era de un material más maleable. Pero al salir tampoco queda uno  lleno del todo. Se impone otro garito, y otro y otro.

Al final, camino del hotel, hay un pans&company abierto con adolescentes formando cola ordenadamente delante del mostrador como si fueran a comulgar. Todo está en orden, no hay apretujones, ni zarandeos ni estridencias. Todo un ejemplo para los hooligans adultos de los pinchos. Los jóvenes sostienen sus bandejitas rojas y parecen degustar el bocata plácidamente sentados en sus mesas. Las ganas de entrar y hacer cola para pedir un bocata de jamón aún con el riesgo de pasar por un viejo verde son enormes. Pero al fin desisto por toda la clase de comentarios que harían mis compañeros a mi buena idea.                                                                                                                                                                                                                                                 

Comentarios

Total: 1
1 | Local - 19/01/2012 - 19:15 h.

La situación que describe me resulta extrañamente familiar. En Pamplona tuve que sacar al héroe/camarero que llevo dentro...no había opción, era eso o morir de hambruna. Siempre suyo. Local.

Este post no admite más comentarios.

Els Joglars | Apartat de Correus 23 | 08570 Torell?(Barcelona) | Tel. 93 883 24 43

www.swisseswatch.com